El Reino de Kiev y su heredero: ¿Moscú?
El Reino de Kiev, más conocido como la Rus de Kiev, fue uno de los Estados más importantes de la Europa medieval entre los siglos IX y XIII. Con Kiev como capital, este reino controló un vasto territorio que se extendía desde el mar Báltico hasta el mar Negro, abarcando zonas de las actuales Ucrania, Bielorrusia y el oeste de Rusia. Su posición estratégica sobre el río Dniéper permitió dominar las rutas comerciales que conectaban Escandinavia con Bizancio, convirtiendo a Kiev en un gran centro político, económico y cultural.
En su momento de mayor esplendor, especialmente bajo los reinados de Vladímir I y Yaroslav el Sabio, la Rus de Kiev fue un Estado cristiano, alfabetizado y jurídicamente organizado. El reino no era un territorio homogéneo, sino una confederación de principados gobernados por la dinastía ruríkida.
A partir de ese momento, el eje político se desplazó hacia el noreste, donde emergieron nuevos centros de poder, entre ellos Moscú.
En la época de la Rus de Kiev, Moscú era apenas un asentamiento menor, sin relevancia política.
Solo siglos después, bajo el Principado de Moscovia, se convertiría en el núcleo del futuro Estado ruso.
El historiador Serhii Plokhy, en su obra The Gates of Europe, subraya que la Rus de Kiev no puede identificarse con ningún Estado moderno en exclusiva. Su legado es compartido y pertenece a varias tradiciones históricas.
Plokhy escribe: «El Estado de Kiev no fue la cuna de una sola nación, sino de varios pueblos eslavos orientales, cuyas historias posteriores divergieron en direcciones diferentes.»
Como subraya Serhii Plokhy, “Moscú surgió en los márgenes de la Rus de Kiev y solo más tarde se apropió de su legado”, lo que pone de relieve que la relación entre Kiev y Moscú no fue de continuidad directa, sino de herencia selectiva y reinterpretación histórica.
Comprender el Reino de Kiev y su territorio, tal como lo revela el mapa histórico, es esencial para separar la historia medieval de los usos políticos actuales del pasado. Kiev fue el corazón original; Moscú, un heredero tardío. Confundir ambos planos conduce a interpretaciones simplificadas que distorsionan la complejidad real de la historia de Europa oriental. El concepto Estado-Nación es muy posterior, pero no deja de ser curioso como la historia evoluciona e intercambia los papeles como en la ocasión actual.




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