Los detectives salvajes. Roberto Bolaño

 

La novela de Roberto Bolaño (1998) se lee como una experiencia. No idealiza a sus personajes; los muestra perdidos, contradictorios, ridículos, pero siempre humanos. 

La novela se articula en tres partes que rompen con la narración lineal tradicional. La parte intermedia tiene una estructura tan diferente que parece metida con calzador.

Se lee como un diario escrito por Juan García Madero, el protagonista, un joven estudiante que se inicia en la poesía a mediados de los años setenta. Con una vida bohemia nos trata un estilo de vida de artista que sigue a los líderes literarios del momento sin dejar de aportar su calidad. Es muy exagerada y tiene retazos de realismo mágico, a mi entender.

Como ya insinué, la segunda parte se me hizo difícil de seguir, no así el resto del libro donde el autor manifiesta una fluidez desbordante en un texto más que bien escrito.

En todo caso, no estoy arrepentido de su lectura, ni mucho menos, pero sí que considero que su lectura es aconsejable para un determinado grupo de lectores. No sería un texto políticamente correcto hoy en día.


Crítica en el País:

Hace apenas unas semanas llegué a Berlín, donde permaneceré un año. Para el viaje dispuse de 50 libros que habrían de acompañarme en la aventura: ensayos, novelas que acumulan sobre sí varias lecturas, relatos de escritores alemanes (para ejercer la hipocresía) y ninguna obra de Roberto Bolaño. Mis amigos que a su vez son escritores mexicanos discuten acerca de Bolaño, a unos les parece que se ha hecho una tormenta en un vaso de agua, es un buen escritor dicen, pero nada más. En cambio, otros lo consideran un Dios de talento no sólo evidente, sino indiscutible. Aunque he leído buena parte de la obra del escritor chileno me he mantenido fuera de la contienda. ¿Con qué se queda uno después de leer una novela? Acaso con un vaso roto y un conjunto de maldiciones, nadie lo sabe. Yo creo que Bolaño era un gran escritor: incontenible en su producción e impredecible en sus historias. Además es simpático, es decir, que su relatar tiene gracia, humanidad. Cuántos escritores conocemos sin una sola de gota de gracia. ¿Los contamos? No acabaríamos en varios días. Me sorprende de varios escritores su furia narrativa: no saben detenerse. Me imagino que también le sucedió a Bolaño, pero su caso es distinto porque casi siempre salió bien librado. ¿A qué se debe eso? Ojalá lo supiera, pero sospecho que su poder de fabulación extraordinario sumado a un talento para hacer de cualquier hecho un acontecimiento narrativo lo ponen del lado de los buenos. Los detectives salvajes me parece por mucho una obra más que importante, pese a que me arrastré para llegar a la última página. Y es que Bolaño tiene esa energía de escritor niño al que no todos pueden seguir. Y bueno, el entusiasmo se acaba: en sus relatos me siento bastante más cómodo, pero menos emocionado.


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